El alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, ha presentado esta mañana la escultura “El retrato del pintor Pablo Picasso” de Francisco López Hernández, ubicada en la Plaza de la Merced. El artista, uno de los máximos exponentes de la denominada Escuela de Madrid, sitúa su obra en uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad, invitando al visitante a descubrir al personaje de Pablo Picasso, encarnado en una escultura de bronce de 1,40 metros de altura, en escala 1:1, algo mayor de la escala natural. El retrato de cuerpo entero de Pablo Picasso, sentado sobre uno de los bancos de la propia plaza, se integra en el entorno sorprendiendo al viandante mientras, con lápiz en mano y cuaderno, toma notas con una mirada ensimismada, reflexiva y quizás distraída.El escultor
Francisco López Hernández nace el 28 de abril de 1932 en Madrid. Descendiente de una familia de orfebres, recibe las primeras enseñanzas como orfebre de su padre, ampliando después sus conocimientos en la Escuela de Artes y Oficios de Madrid, donde recibe clases de José Capuz, y en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando. Luego, ampliaría dichos estudios con estancias en Grecia, en París (a donde le lleva el interés por la escultura contemporánea) y en 1956, becado por el Ministerio de Educación, viaja a Italia, donde residirá en Roma, siendo profesor de Medallística en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando en 1969.
Como integrante de la Escuela de Madrid, surge en la década de los 50 este grupo dentro del denominado “nuevo realismo”, caracterizado por la elección del realismo y por pertenecer a una generación marcada por la posguerra. Expone por primera vez en el año 1955, en compañía de otros dos artistas pertenecientes a dicha escuela realista contemporánea española, Antonio López García y Julio López Hernández, su hermano, y de un informalista, Lucio Muñoz, en una de las salas de la dirección de Bellas Artes. Durante varias décadas, el informalismo, presentado como la tendencia vanguardista por excelencia, ejerció una verdadera dictadura dentro de nuestro panorama artístico, a la que, contra viento y marea, se resistieron algunos artistas que consideraban que el legado realista, siempre que no permaneciese adscrito a los postulados más rancios y académicos, no tenía porque estar periclitado.
Francisco López Hernández, buen conocedor de las estatuarias clásica y renacentista, era de los que opinaban que los creadores con preocupaciones humanistas debían dejar testimonio de nuestra contemporaneidad reflejando con el mayor realismo posible las personas de nuestro entorno. Si esa traslación trascendía la mera reproducción del modelo, mediante una cuidada depuración formal y una emoción añadida, dicha obra podía tal vez trascender lo inmediato y pervivir en el tiempo. Sin embargo, la mera representación no es suficiente y es imprescindible trascenderla. ” La obra debe estar impulsada por unos componentes estéticos” que trasciendan la mera reproducción del objeto real”.
